Les comparto un documento que escribí en diciembre de 2008, copié tal cual el texto del editor, así que no se cargaron las notas a pie de página, espero que tengan tiempo de leerlo todo, empezamos:

Para comenzar un documento que hable de un tema en específico, un buen comienzo es definir ese tema o término, de ese modo, hablar de él puede convertirse en algo más fluido y natural.

Curiosamente el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no tiene entre sus páginas el término intertextual ni el de intertextualidad, sin embargo (tal vez por su propia naturaleza hipertextual) la Wikipedia presenta la siguiente información sobre intertextualidad:

Sin duda la intertextualidad tiene mucho que ver con lo que la historia literaria y la literatura comparada conocían desde antiguo como estudio de “fuentes” o de “influencias”. La definición actual desborda y, diríamos, convierte en relativos los resultados de aquellas tendencias positivistas, para proponer una idea de texto preñado con intuiciones exegéticas y hermenéuticas. Algunos llegan más allá e identifican la intertextualidad con la tan buscada literariedad de los estudiosos de la Poética, lo que viene a ser bastante discutible, si bien es un elemento fundamental en la configuración histórica de una literatura, ya que todo texto es consecuencia de otros, y precedente para otros con los cuales se encadena en una trayectoria diacrónica que representa al cabo toda una tradición literaria y una cultura.

¿Habría podido escribirse Don Quijote si no hubieran existido libros de caballerías? No en todo caso ese Quijote; y, si fuéramos quitando precedentes a la tradición literaria que representa y de la que en cierto modo es culminación, Don Quijote terminaría quedando reducido a un chisme de aldea .

Podemos tomar esta definición como punto de partida (que tal vez no sea el mejor, sin embargo funciona para los fines académicos de este documento, además de ser encontrado en un ambiente hipertextual) para generar un concepto de intertextualidad: se puede entender como esta relación entre textos (no necesariamente escritos, eso se explicará mejor más adelante), una cadena de significaciones que entrelazan contenidos, incluso cuando de primera instancia no se encuentren relaciones entre éstos, el autor Alejandro Piscitelli utiliza el término “apofenías” para referirse a este tipo de conexiones.

…”Entonces otra palabra rara que vamos a utilizar hoy, es la palabra apofenía, ¿Y qué es la palabra apofenía? Es hace conexiones allí donde nadie se imaginó que había algo que conectar …”

Comenzaremos a citar autores para ampliar el abanico de puntos de vista alrededor del tema; con Roland Barthes , como el primero para ejemplificar su concepto de intertextualidad. Plantea diferenciaciones en cuanto a la relación obra-texto se refiere; hablando de la primera de manera similar a como lo hace Néstor A. Braunstein , quien dice que el libro dice y ya no puede decir otra cosa, es su tumba en sí mismo; sin embargo el texto sí puede cambiar, pues el cambio está en el significante, quien recibe el signo y le da un significado. Barthes, por su parte, menciona que el texto no se debe entender como algo cuantitativo, computable, ni como algo que esté de moda o incluso considerarse totalmente novedoso (de hecho, aconseja no encasillar los textos con base en una situación cronológica), pues la obra la sostenemos en la mano, mientras el texto en el lenguaje, lo cual podemos asociar con el dipolo denotación-connotación respectivamente; el texto se da por los cambios e influencias que tiene el contexto sobre nosotros, todos los estímulos naturales y artificiales a los que estamos expuestos.

La obra denota, describe pero no dice nada más, se queda en el nivel superficial que podemos confirmar en La biblioteca de Babel, de Borges:

“La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra ,

Borges describe un lugar repleto de libros, pero que están ahí, sin ser leídos, sin ser devorados por alguien lo suficientemente capaz de ejercitar su capacidad textual, solamente se limita a leer por leer, sin comprender, sin razonar, sin generar redes mentales, ideas en cadena. El texto es maleable y manipulable a través de su propio manejo en la sociedad, podemos unirlo con cuantos temas encontremos relación, pues ésta depende del nivel de conexiones que seamos capaces de realizar; su lógica es metonímica, cambia de acuerdo al contexto en el que se ubica, modificando su propia significación, utilizando como medio de transporte a su significante (lo cual evidentemente podemos relacionar con la evolución de la web1.0 a la web2.0 –la metáfora de la red-; en la primera el usuario es solamente un espectador de contenidos –obra-, los observa pasivamente mientras pasan frente a él, mientras en la segunda se convierte en el gestor de esos mismos contenidos –texto-; determina qué podemos ver además de lo que ya está e2n línea”, convierte a la web en un mapa de textos digitales entrelazados mediante hipervínculos -llegando de esta forma al hipertexto- este cambio fue en sí mismo la salvación de la web y su evolución para llegar al lugar –o no lugar- que tiene ahora). Esto nos ayuda a entender otro punto de vista del texto: el del placer . El texto, por su cualidad maleable, da a la persona el poder de interpretar la información a su antojo y de producir “nueva” información a partir de diversas fuentes (incluso cuando éstas se contrapongan), para llegar a otros planteamientos sobre un tema en específico o la realidad misma.

Otra de las razones por las que la web2.0 ha tenido tanto auge, puede ser aquella relacionada con el panoptismo del que habla Michel Foucault en su libro Vigilar y Castigar , donde menciona que este fenómeno proviene del siglo XVIII; se suscitaba cuando en una ciudad había un brote de peste, entonces las familias eran encerradas en sus casas por cuarentena. Un síndico era nombrado para vigilar la ciudad desde un punto situado estratégicamente; dentro de dicho lugar, esta persona encargada de la vigilancia de la ciudad no podía ser vista, sin embargo, por la naturaleza de la edificación, el síndico tenía la capacidad de observar todos los lugares del sitio.

Esto se vincula hasta cierto punto con lo que les sucede a los usuarios de la web2.0 al generar los contenidos, un ejemplo claro son los blogs; la persona que escribe es, de alguna manera, “vigilada” por las personas que visitan su sitio, llevan un registro de las entradas que este “usuario gestor” realiza en cada uno de sus posts, incluso existen blogs en los que dicha persona relata los acontecimientos más importantes de su vida a sus lectores. La relación existente entre los blogs –por poner algún ejemplo- con la web2.0 es que el visitante del sitio es similar al síndico del panóptico, pues éste “puede ver” al gestor del contenido del blog, pero tiene la capacidad de evitar “ser visto”.

Esto convierte a los consumidores en “pro-sumidores”, una serie de usuarios expertos en los temas de su interés, debido a la gran ola informativa que es ocasionada por el boom de la web actualmente, que además pretende ir todavía más allá, fuera de compartir información, quiere compartir experiencias, y más lejos aún, intenta compartir inteligencia, lo que coloca la información prácticamente a nivel de cualquier persona con acceso a una terminal de Internet.

Otro ejemplo en que el panoptismo se presenta de alguna manera es en Second Life; este mundo virtual en el que los avatares conviven y se relacionan entre sí mediante las órdenes de un usuario. En este caso el panóptico se desenvuelve en ambos puntos, pues puedes “ver” al avatar del “otro” sin que te vean a ti, pero sucede al mismo tiempo de manera recíproca, con lo que ambos usuarios se encuentran a la vez como vigías y como vigilados.

Para las generaciones anteriores, esta convivencia les parece absurda, pero otros lo utilizan incluso como un medio para expresar su pensar, su sentir, de hecho en Chile, un grupo de avatares expresó su inconformidad dentro de Second Life frente a unas instalaciones gubernamentales en esta plataforma digital; entonces…¿Hasta dónde podemos decir que esto es virtual, cuando muchas de las expresiones de los usuarios son tan auténticas como la experiencia que les hace sentir esta aplicación? ¿Realmente queremos tangibilidad para decir que algo es real, o solamente necesitamos un símil para reemplazar lo tangible?

Muchas personas asocian las redes sociales con la web, así mismo la palabra hipervínculo, sin embargo las raíces del primer concepto provienen desde que el ser humano es un individuo social; entendemos como redes sociales aquellos grupos unidos por un interés común (llámese música, diseño, comida, lugares de esparcimiento, entre muchos otros más), que conforman una colectividad interactiva entre éstos, con la finalidad de intercambiar estas experiencias y aumentar su nivel cognoscitivo. Ahora, hablando de hipervínculos, su naturaleza se basa solamente en el hecho de que se ubica en un contexto digital, que si eliminamos éste, termina es una serie de relaciones temáticas alrededor de una palabra o una idea, una interconexión que forma redes, que a su vez forman meta-redes que construyen el universo del conocimiento humano.

Es posible relacionar la intertextualidad con las licencias que ahora comienzan a cobrar auge, sobre todo en Internet: las creative commons ; son un tipo de licencia que ayuda a generar “textos” a partir de obras originales, con la finalidad de utilizar alguna parte de este material o una parte de él para complementar un trabajo, una presentación, incluso por mero entretenimiento y después compartirlo con el resto del mundo, así la generación de “textos” resulta más fácil de realizar, legalmente hablando; decimos adiós a las fronteras de la pertenencia de las cosas, poco a poco las obras terminan siendo “de todos y para todos”, nos unimos a una colectividad, queremos pertenecer a grupos sociales (redes), teniendo intereses en común, y las creative commons son una alternativa más que nos acerca a este fin.

Regresando a Braunstein, la obra presenta un problema al sustituir al autor, ésta lo re-presenta, sin embargo ocupa su lugar y hace que él desaparezca, de este modo el libro se convierte en su tumba, una lápida con su nombre grabado, en donde no puede corregir los defectos detectados por otros, no se puede enmendar o contradecir; los otros (los lectores) empujan al autor a “ser” la obra, lo delimitan en relación al libro y pueden incluso reprocharle por no acatar las “reglas” de su obra.

Este fenómeno produce ruido en el sentido que aparenta modificar el espacio (una cosa suple a otra); aún así, no nos parece tan extraño en una época posmoderna, pero… ¿Qué es la posmodernidad? Néstor Sexe se refiere a ella como la última parte de la época moderna; en la posmoda los cambios surgen al instante, la noción de tiempo y de espacio han evolucionado a pasos agigantados. Propone que la llegada de la posmodernidad es el resultado de una serie de eventos globales que son determinantes para este cambio social, aunque no exista una fecha en específico: la bomba atómica en Hiroshima nos hizo ver que la humanidad –como especie- puede extinguirse; la crisis del petróleo fue responsable de hacernos ver que los recursos naturales sí se pueden acabar a menos que hagamos algo; y finalmente la caída del muro de Berlín simboliza la caída de las ideologías; estos hechos sumados, hicieron que nuestra percepción de la sociedad, de la humanidad como especie, y del planeta, hayan cambiado radicalmente.

Sexe dice que el espacio es al lugar lo que el discurso es al texto (no refiriéndose a “lugar” como lo haría Baudrillard ni a “texto” como Barthes); menciona que el lugar es un espacio “practicado”, y el discurso es un texto contextualizado; esto con el objetivo de entender cómo la posmodernidad ha alterado nuestra percepción de espacio, tal y como lo hace la web, y a su vez ésta se ha convertido en un “no lugar” que lleva al intertexto a otro rubro, al de la hipertextualidad, siendo ésta una intertextualidad digital, más inmediata; altera lo que anteriormente entendíamos como tiempo, reduciendo los tiempos de respuesta a décimas de segundo al buscar información en el ciberespacio.

En esta época la sociedad se ha convertido en una sociedad informática, de conocimiento e intercambio, del mismo modo que lo manejan otros autores, como Nicholas Negroponte en Ser Digital -en donde afirma el cambio en el manejo de la materia; ya no nos preocupamos tanto por la manipulación de objetos físicos y tangibles, la era de la información ha llegado y es lo más valioso en estos momentos, incluso al grado de determinar el avance o el retroceso económico de un país entero- y José Luis Brea en cultura_RAM -donde explica ampliamente con diferentes ejemplos el cómo nuestra sociedad se inclina cada vez más por las interconexiones (intertextualidad) que por la capacidad de almacenamiento, que puede ser producto del hecho mismo de que esa cualidad de “guardar” información ha sido superada, dándole una mayor importancia a su conexión-.

Brea hace referencia a esta relación asociando los conceptos cultura floopy vs. cultura google, en donde la analogía es bastante clara, hemos pasado de ser una cultura preocupada por la cantidad de información, a una más enfocada hacia la conexión instantánea y precisa de todo este cúmulo informativo. Nos hemos transformado en una cultura RAM (haciendo alusión a la memoria RAM de las computadoras), de redes, de conexiones, que se dispersa hacia todos lados, hacia todas las direcciones posibles.

Omar Calabrese es otro autor que puede ayudarnos en la comprensión de la intertextualidad, gracias a su libro La era Neobarroca ; en esta obra observamos un par de conceptos que nos acercan a entender el punto central de este documento.

Calabrese habla de distorsión y perversión: para él la distorsión se refiere al espacio de representación de la cultura actual, que se utiliza de manera elástica (como el “texto” de Barthes), y perversión, porque el orden de las cosas es caótico pero sistemático, los elementos no se ordenan aleatoriamente, sino que este orden es perverso (aquí se puede sugerir una teoría del caos), las lógicas precedentes a la actual no lo reconocen –al “orden caótico-, pues los cánones plásticos o de imagen han cambiado de manera drástica, como en el arte ha cambiado el concepto de belleza. Omar C. une estas dos ideas y forma algo que llama “la cita neobarroca”.

La cita neobarroca consiste básicamente en traer una cita (como modo tradicional de construir un texto) del pasado –incluyendo experiencias previas recientes y convenciones sociales- y darle un nuevo valor a dicho texto, exaltando las ideas de éste o dándole nuevos significados a través de la cita.

El autor utiliza como uno de los ejemplos En busca del arca perdida de Steven Spielberg, quien acepta que ha rellenado ese film con casi 350 remisiones a otras obras, sean cinematográficas o no . Sin embargo la cita neobarroca va más allá, pues además de hacer la referencia a otro texto, juega con los principios de verdadero y falso. Calabrese utiliza la película E.T. para ejemplificar la parte “perversa” de la cita neobarroca. Habla de la escena en la que los niños salen con E.T. a pedir dulces en halloween; un niño disfrazado de Yoda (personaje de Star Wars -en ese momento, Spielberg está realizando ya una cita-) es observado por E.T., momentos después éste último se acerca y lo abraza, reconociéndolo como su igual. Otra escena similar se da cuando esconden al extraterrestre dentro del armario y la madre de los niños lo abre, pero al ver al alienígena junto a todos los peluches, lo reconoce como otro de éstos y lo ignora . Al hacer esto, el artista realiza una operación que el autor llama “de desplazamiento”, pues hace algo más: “renueva” el pasado, no lo reproduce, sino que tomando contenidos y formas esparcidas, lo vuelve cada vez más ambiguo poniendo en relación los aspectos y los significados con la diferencia entre la época moderna y la posmoderna, pues actualmente vivimos en una era de simulacros.

Baudrillard habla de la cultura del simulacro, de la simulación no como una abstracción de lo real sino como algo que tiende a superarla cuando pasa a lo hiperreal, a esta resurrección de las cosas para intentar recuperarlas, como se da en los ambientes artificiales que “simulan” ecosistemas que por el momento tienen a su referente real y se han construido para darle la oportunidad a las personas que no pueden viajar, de conocer al menos algo parecido, algo simulado; sin embargo, qué pasará cuando los verdaderos ambientes naturales tiendan a desaparecer… ¿Su “simulacro” será “real”? ¿Lo que antes era la simulación ahora será lo verdadero? ¿Eso tendrá importancia para las personas de ese momento? Tal vez el original pierda su “aura” de verdadero, como cuando las obras de arte se reproducen a grado tal que la original pierde su “aire místico” .

Brea habla de esto cuando maneja su concepto de “la hipótesis matrix”, en donde explica el por qué Neo es capaz de realizar toda esa serie de movimientos que son inhumanos dentro del sistema llamado matrix; Brea plantea el hecho de que el protagonista del filme entiende la realidad como el cúmulo de convenciones sociales, pues de “realidad” podemos separar REAL, lo que asociamos con la realeza, lo que decían los reyes en la edad media era eso y nada más, era real, pues alguien con un poder lo suficientemente fuerte respaldaba la idea que se consideraba verdadera, legítima, REAL. Neo comprende el funcionamiento de este sistema y por eso es capaz de desafiarlo… ¿Qué tan “real” es nuestra “realidad?.

Algo similar está sucediendo con los museos, se han convertido más en un lugar de espectáculo y de “pantallas”, perdiendo su ambiente intelectual y culto; incluso en el Louvre vemos una Monalisa que no es la verdadera, entonces… ¿Estamos frente a un simulacro? Y su fuera así, ¿No es lo mismo hacer un recorrido virtual por el Louvre a través de la web? Al menos así no seríamos empujados por los centenares de turistas que a diario la visitan; el museo es cada vez más el virtual análogo de la virtualidad digital. El conflicto al que nos enfrentamos con la “realidad” de la Monalisa es que EL LOUVRE es quien nos la presenta, bajo su esquema de realidad, en el cual nos vemos inmersos y lo creemos por el hecho de que esa obra es tangible.

Esto podría considerarse exótico, dentro de la definición que plantea Tzvetan Todorov, cuando habla de ello como “la estética de lo diverso”; es aquello que es ajeno a nuestro contexto y lo vemos como algo que puede estar fuera de nuestra comprensión o incluso de la percepción misma de la realidad que se ha convenido dentro de un grupo social en específico.

Esta cualidad exótica que le damos a los objetos, fenómenos naturales o sociales, va perdiendo su fuerza a medida que nos acostumbramos o familiarizamos con ellos, haciéndolos partícipes de nuestra realidad aceptada, es por esto que los cambios sociales que se dan de manera radical al principio nos son exóticos, sin embargo a medida que transcurre el tiempo y vamos asimilándolos, llega el punto en que pueden pasar totalmente desapercibidos.

Todorov pone de ejemplo a los niños pequeños, pues para ellos todo es exótico, es nuevo y quieren conocerlo; después hace la comparación con una persona adulta, para quien no resulta nuevo casi nada de lo que al niño le llama la atención, pues se vuelve natural conforme pasa el tiempo. Se habla de un concepto que es importante destacar: “el exota”, como aquella persona que es capaz de apreciar y disfrutar los matices de diferenciación entre las cosas, más que distinguir los contrastes, pues lo convierte en alguien más perceptivo, más abierto a nuevas posibilidades –alguien intertextual-.

Podemos abordar otro concepto que tiene relación con lo exótico de Todorov: lo “siniestro” según Freud, que no es más que aquello que afecta las cosas que conocemos o que por lo menos nos son familiares de tiempo atrás (incluyendo las convenciones sociales). Este carácter siniestro se ve de manera muy clara en los autómatas y los androides, pues nos son al mismo tiempo familiares y ajenos, aparentan ser algo que no son, como las simulaciones de los ecosistemas y las virtualidades del museo, sin embargo, lo siniestro se asocia más con algo que causa espanto, el ejemplo de los autómatas lo explica mejor: la duda de que algo aparentemente animado sea un ser vivo o que no lo sea causa un conflicto en nuestra percepción y lleva al espanto, pues evoca este “regreso” de lo que nos es semejante pero ajeno a la vez, esto podría relacionarse con la intertextualidad en el momento en que comenzamos a generar una cadena de significaciones y llegamos a un punto que es ajeno al tema del que partimos pero que sin embargo tiene alguna relación, por más profunda o incluso subjetiva que ésta sea.

Es posible observar intertextualidad en situaciones que nos resultan más familiares: una plática entre amigos comienza con un “hola, ¿Cómo estás?” y puede terminar en la búsqueda del origen del universo, y en cinco minutos, hablar de los pendientes que tienen para el día siguiente.

Estas condiciones se dan cada vez más en el terreno de la tecnología, queremos que nuestras máquinas “piensen” como nosotros, buscamos hacerlas más humanas –a grado tal que a veces resultan “siniestras”-, aumentar el nivel de interacción y de una interfaz –e interfase- que sea cada vez más amigable e intuitiva, máquinas que sean capaces de interconectar información más que de almacenarla, que relacionen ideas y conceptos del mismo modo que nosotros, buscamos un símil mecánico-electrónico, pero debemos considerar qué tan bien le haría a la sociedad, pues pueden llevarnos a una vida más fácil (hablando en el aspecto del trabajo) o a una sociedad cada vez más deshumanizada y aislada –aún estando rodeado de personas, como pasa en los cafés Internet-.

Cito a Alejandro Jodorowsky:

… “Cuando Goethe publicó “Los sufrimientos del joven Whether” se suicidaron 2000 jóvenes, cuando los discípulos de Cristo publicaron los evangelios nunca pensaron que los evangelios iban a provocar más muertes que muchas bombas atómicas , más que Hitler, Cristo a provocado muertes, los secuaces de Cristo , las víctimas de la iglesia, los Santos que han dado su vida … Buda a creado millones y millones de muertes, gente que se queman vivos, Mahoma a provocado muerte … o sea que todo es peligroso y todo es maravilloso; ¿el dinero es bueno o es malo? según como lo emplees, las cosas son según como lo emplees… entonces el INTERNET es una apertura maravillosa, sea hacia la comunicación y la libertad de nombre, sea hacia la corrupción total del ser humano”…

Personalmente, encuentro la intertextualidad como algo que utilizo sobre todo en la escuela, relacionando temas de diversas materias que llevo tanto en la especialidad de multimedia como en la de publicidad; a la vez rescato conocimientos de la licenciatura, preparatoria, secundaria, primaria, preescolar y de la vida diaria, pues así es más fácil comprender el cúmulo de información que nos llega a diario, en una sociedad en la que la información es igual, e incluso más importante que lo tangible, una sociedad que busca conocimiento por encima de todo, en la que el esfuerzo físico es menos remunerado que el esfuerzo mental.

Finalizo diciendo que este documento se presenta de una manera intertextual en sí mismo, conecta autores y temas que tal vez no tienen relaciones tan visibles a primera instancia (lo cual podría asociarse con una palabra utilizada al principio del trabajo; “apofenía”). La intertextualidad es una actividad que realizamos a diario, aunque no nos percatemos de ella, sin embargo, al hacerla conciente, tiene la posibilidad de convertirse en una herramienta poderosa al momento de generar ideas creativas, entender a los demás e incluso a nosotros mismos, pues la naturaleza humana se basa en ese fenómeno.

PD. perdón pero las citas ya no se cargaron en orden, entonces sólo pondré la bibliografía:
http://es.wikipedia.org/wiki/Intertextualidad; consultada el 20 de noviembre de 2007.
Fragmento de una conferencia de Alejandro Piscitelli, tomada del podcast Eón 4.5, en el programa Hablemos de Internet, el día 29 de Julio de 2007.
Roland Barthes, El susurro del lenguaje, Paidós Comunicación.
Néstor A. Braunstein, Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (hacia Lacan), Siglo XXI.
Jorge Luis Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan.
Esta sensación se da de una forma parecida en los videojuegos, con la sensación de inmersión, participación y decisión. El videojugador tiene el “poder” de manipular al personaje, sintiendo ese placer que se deriva del poder que le da el control de un mundo alterno al suyo, incluso jugando a “ser Dios”.
Michel Foucault, Vigilar y castigar, Siglo XXI.
Es un tipo de licencia en la que el autor da el derecho de la modificación de su obra, ya sea total o parcialmente, que depende de cuatro tipos de licencia que se pueden seleccionar; revisado en http://es.creativecommons.org/ el día 28 de noviembre de 2007.
Néstor Sexe, Diseño.com, Paidós.
Nicholas Negroponte, Ser digital, Grupo océano.
José Luis Brea, cultura_RAM, Gedisa.
Idem.
Omar Calabrese, La era neobarroca, Cátedra.
Jean Baudrillad, Cultura y simulacro, Kairós
Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica
Entrevista a Alejandro Jodorowsky, fragmento tomado de El podcast de Olallo Rubio en http://www.rockandroll.com.mx/podcasts/olallofeed.xml